Sunday, December 6, 2009

Una de filosofía hispánica

Bien, un ensayo impactante e imprescindible por dos motivos claramente distintos:

El primero, que muestra "lo que todo el mundo sabe", lo obvio, lo evidente, lo que todos nos hemos planteado alguna vez como conjetura peregrina: ¿por qué en un mundo tecnificado tenemos que seguir soportando jornadas laborales interminables y a la vez el paro parece un cáncer irremediable? Como decía un amigo mío, en un puesto de responsabilidad en una gran empresa, "joder, algo está mal planteado en esta sociedad, tanta tecnología y tanto ocio y yo siempre pasando sueño". Es imprescindible que haya libros que planteen lo que todos ya sabemos: porque si no aparece en un libro escrito por un respetable ingeniero, economista, máster en urbanismo y Premio Anagrama de ensayo, no es probable que nadie con poder ejecutivo lo llegue a tener en cuenta. Es lamentable, pero es así: miles de personas con sentido común nunca tendrán la penetración de un sr. que se llama Luis Racionero, diciendo exactamente lo mismo que él. Oído cocina, laboratorios de ideas progresistas de este país y del resto de países mediterráneos (ahora voy a lo de la importancia de "mediterráneos").

El segundo, que, en mi opinión, estamos ante una obra de filosofía de primera línea, como se ven pocas veces en autores españoles. Tenemos intelectuales más o menos histriónicos (ej. Gustavo Bueno), más o menos pedantes e insufriblemente pagados de sí mismos (ej. Amando de Miguel o R. Tamames) o tertulianos más o menos baratos (no hay más que poner la tele o escuchar la radio), pero autores que cuestionen sólidamente supuestos centrales de nuestra cultura, de esos hay bien pocos. Tres grandes frutos que hacen este libro, para mí, verdaderamente valioso: el primero, en él se puede encontrar un ideario compacto de toda la corriente "altermundista", 20 años antes de los sucesos de Seattle y Génova (el libro podría haberse subtitulado con total propiedad "otro mundo es posible y necesario"). El segundo, es la primera vez que leo la afirmación radical "la economía debe ser una ciencia dependiente de la ecología, y no al revés". El tercero, presenta un rechazo igualmente radical a los valores económicos nórdicos y anglosajones y una reivindicación de los valores mediterráneos (y esto no de manera geográfica, sino de manera estrictamente cultural/histórica, incluyendo entre los "mediterráneos" los indios y chinos de cierta antigüedad junto a los griegos clásicos y los italianos del Renacimiento").

Venga, a leer y a entender, que hace falta.

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Luis Racionero,
Del paro al ocio,
Anagrama, Barcelona, 1982.

Friday, November 6, 2009

Delibes erótico

Hay que leerlo. Memorable. Y una obrita que no se parece a ninguna otra de Delibes: no es novela, no es monólogo, no es relato. Es epistolar. Y seguro que un quebradero de cabeza para los analistas de la obra de este autor. ¿Cómo iba uno a pensar en literatura erótica, en este reflejo de la austeridad, la parquedad en palabras, la aridez casi, del alma castellana? Pues sí, hasta los castellanos mayores, bajitos y rechonchetes saben expresar su lujuria escondida, su amor o deseo (Cernuda dixit). Y no digo más. Un placer desde la primera hasta la última palabra. Para leer despacio, paladeando. Compradlo, leedlo, regaladlo. Gracias, Miguel.

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Miguel Delibes,
Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso,
Destino, Barcelona, 2001.

Sunday, October 11, 2009

Pequeñas perlas: William Faulkner

Yo soy coleccionista de lo que llamo "pequeñas perlas": esas obritas inéditas de autores consagrados, o aquel volumen de cartas entre dos escritores, o la narración del viaje y el encuentro de un escritor con un conocido... entre mis predilectos, está un conjunto de discursos de aceptación del Premio Nobel, y, entre ellos, el de Doris Lessing y el de William Faulkner, y, de los dos, quizá, sobre todo, el del americano. Y porque me tocó en la fibra sensible y candente de lo que me estaba pasando en el momento en que lo leí, lo reconozco, pero, ¿no consiste la literatura precisamente en eso, en venir y hablarte fuerte en el oído?

Así que recomiendo vivamente este librito, yo, que no he leído ninguna de las novelas de William Falukner y que quizá nunca llegue a hacerlo (al fin y al cabo, por carácter y por decisión consciente, no soy lector de novelas).

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William Faulkner,
Discurso en el banquete del premio Nobel. Discurso en el Delta Council.
Alpha Decay, Barcelona, 2008.

Sunday, August 30, 2009

Leerse un diccionario

Lo pensé durante unos minutos y al final me dije ¡qué demonios! ¿por qué no? y comencé a leerme el diccionario. El diccionario de inglés-inglés, ed. de bolsillo, en este caso.

Lo sé, todos tenemos el mismo prejuicio: ¿qué sentido tiene leerse una obra que no está hecha para ser leída (desde el principio al final, se entiende)? En fin , al incrédulo lector le agradecería que tuviera en cuenta estos aspectos:

¿Qué beneficios posee?
- A partir de cierto nivel, la única manera de avanzar positivamente es emplear un diccionario genuino de la lengua en la que uno está interesado. Fuerza a la mente a fijar las expresiones mediante sus sinónimos y su definición.
- Es la mejor manera que he encontrado de adquirir conocimientos precisos y completos del uso de frases hechas y de vocablos que uno sospecha que existen pero que no acaba de estar seguro.
- Leonardo aprendió Latín tragándose un diccionario y una gramática. Es común que uno se compre una gramática del idioma de interés y la acabe estudiando íntegramente, ¿por qué no completar el pack con el estudio del diccionario? Resulta lógico.
- Permite una lectura interrumpible en cualquier momento (no pierdes el hilo, y da igual la historia que venía antes para seguir entendiendo la que viene después).
¿Qué coste conlleva?
- Mucho menos esfuerzo que cualquier best-seller. Mi diccionario de bolsillo es mucho menor en cantidad de texto a Los Pilares de la Tierra o El juego del Ángel.
- Muchas palabras os sonarán, lo cual es tan gratificante como encontrarse con la calle con un viejo conocido con el que uno se llevaba bien o tenía ganas de conocer más a fondo.
- Una vez leído uno, básicamente, leídos todos, por lo que no hay que preocuparse mucho de comprar la segunda parte.
- Nunca habrá que comprar el primero, porque seguro que todos tenemos uno del colegio al menos.
- No hay que preocuparse de si está bien narrado o no, ni de criticar al autor en comparación con otras obras (todo eso desgasta).
En fin, podría ser cualquier otro, pero ahí va mi diccionario de lectura favorito ahora mismo (a mí me gusta porque conserva el estilo biblia tan frecuente en aquella época):
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HAMLYN POCKET ENGLISH DICTIONARY
The Hamlyn Pub. Group Ltd., Londres, 1988.

Saturday, August 15, 2009

El código Arquímedes

Hacen falta más libros como éste, es decir, que tengan pinta de best-seller y estructura de best-seller con contenido de reportaje periodístico... y que sin embargo hablen de ciencia. Y de ciencia de la buena, de la fundamental, no de tecnología. Libros como éste son los que hacen falta verdaderamente para atraer al lector a un determinado descubrimiento, más allá de la aparición oficial en una revista científica, y demuestran que el estudio de la ciencia y con ella de la historia de la ciencia pueden ser apasionantes. Los pequeños defectos que acompañan a este formato pueden perdonarse pero sería mejor evitarlos (el título "la verdadera historia del manuscrito que podría haber cambiado el rumbo de la ciencia", falaz por exagerado, por ejemplo).
En fin, que resulta un placer leerlo para comprender cómo, en palabras de los autores, igual que toda la filosofía occidental puede entenderse como una serie de notas a pie de página de la obra de Platón, toda la matemática (y con ella, la física) occidental puede entenderse como una serie de notas a pie de página de la obra de Arquímedes. Y no digo más: a leerlo.
Nota: Son evidentes unos pocos errores críticos de traducción:
Donde dice... significa
Lucir...parecer, mostrar como
Remover...eliminar, retirar
Actual...real (cuando habla del "infinito potencial" vs. "infinito real")
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Reviel Netz y William Noel,
El código Arquímedes,
Ediciones Temas de Hoy, Madrid, 2007.

Friday, August 14, 2009

Cartas que cambiaron el mundo

Bien: el libro comienza decepcionando y uno acusa pronto al autor de utilizar como título un reclamo engañoso. Es decir, lo que se dice texto epistolar trae poco, muy poco, pero es que además hace algo peor que traer poco: lo que trae son extractos. Y tratar a un autor a extractazos (es decir, a machetazos literarios) y escupirle en la cara viene a ser lo mismo. No tiene excusa ni perdón, y la sóla constatación de esto en cualquier parte del libro le predispone uno a no leerlo y a tratar de devolverlo donde lo compró. Ah, y al que escribió el resumen promocional de la contraportada, habría que preguntarle si realmente lo ha leído.

Afortunadamente, en mi caso era un regalo y no podía devolverlo, aunque le conté mi primera decepción al remitente. En fin, no se perdona lo imperdonable, pero tras haber leído la mitad, uno se pregunta si podría perdonársele un poco, porque lo que no son las cartas, es decir, el comentario del autor sobre las cartas, cautiva. Engancha. Está bien llevado porque toma la carta como una magnífica excusa para desarrollar un episodio histórico a buen ritmo. Uno recuerda los "Momentos Estelares de la Humanidad"; no les llega, pero se arrima. El lenguaje se agradecería que fuera un poco menos arcaico por momentos (ya se sabe, a uno le gusta leer a Galdós sabiendo que es Galdós, no creyendo leer a un autor contemporáneo), pero en fin, algún defecto tenía que tener una prosa en general bien tramada y atractiva, con un enfoque divulgativo muy correcto (evitando reciamente caer tanto en la pedantería como en la simpleza) que hace mucha falta. De acuerdo, un buen libro para regalar a cualquier apasionado primerizo de la Historia.

Así que nos ha engañado, sí, haciéndonos creer que el libro trae cartas, pero nos ha engañado para darnos un producto de buena calidad al fin y al cabo. De todas formas no se perdona lo imperdonable y nos deja el esfuerzo de conseguir el texto entero de las cartas. Mi estimado Gonzalo Ugidos, un tirón de orejas por ello. Menos mal que siempre nos quedará Google.
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Gonzalo Ugidos,
Cartas que Cambiaron el Mundo. 25 Historias que hicieron Historia,
JdeJ Editores, Madrid, 2008.